PROFECÍA   DE   JONÁS

Introducción

   Esta profecía parece una mera historia; pero además del sentido literal que se saca de las palabras, Jesucristo mismo nos enseñó a sacar el sentido profético, o místico, que denotan los hechos o cosas referidos, cuando propuso a los judíos el ejemplo de penitencia de los ninivitas, y al hablar de su propia resurrección (1). Vivió Jonás en los tiempos de Joás, y de Jeroboam II, reyes de Israel, y de Ocias o Azarías, rey de Judá. Tanto los judíos como los cristianos

(1)  Mt. 12, 40.

 

 

siempre han venerado el libro de Jos como canónico. En Tobías parece que se hace alusión a él en el capítulo 14, v. 6, aunque puede aludir también a la profecía de Nahum.
   Los incrédulos suelen ridiculizar el milagro de haber estado Jonás tres días en el vientre de una ballena, o de un monstruo marino; ya que los gentiles hacían lo mismo; pero al Dios que creó el cielo y la tierra le fue muy fácil lo que a los incrédulos les parece tan difícil.

 

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JONÁS

Jonás, arrojado al mar

11 El Señor habló a Jonás, hijo de Amati, y dijo: 2) Anda, y ve luego a Nínive, ciudad grande *, y predica en ella; porque el clamor de sus maldades ha subido hasta mi presencia. 3) Jonás, empero, tomó el camino de Tarsis, huyendo del servicio del Señor; y así que llegó a Jope halló una nave que se hacía a la vela para Tarsis; pagó su flete, y entró en ella con los demás para llegar a Tarsis, huyendo del servicio del Señor *.
   4 Mas el Señor envió un viento recio sobre el mar, con lo que se movió en ella una gran borrasca; de suerte que se hallaba la nave a riesgo de estrellarse. 5) Y temieron los marineros, y cada uno clamó a su dios, y arrojaron al mar el cargamento de la nave, a fin de aligerarla. Jo
s dormía profundamente en lo más hondo de la nave, adonde se había bajado, 6) y llegóse a él el piloto, y le dijo: ¿Cómo te estás así durmiendo? Levántate e invoca a tu Dios, por si quiere acordarse de nosotros y nos libra de la muerte. 7) En seguida dijéronse unos a otros: Venid, y echemos suertes para averiguar de dónde nos viene este infortunio. Y echaron suertes, y cayó la suerte sobre Jos. 8) Dijéronle, pues: Decláranos los motivos de este desastre que nos sucede. ¿Qué oficio es el tuyo? ¿De dónde eres y adonde vas? ¿De qué nación eres tú? 9) Respondióles Jos: Yo soy hebreo,


2 Fundada por Nemrod (Gn. 10, 11;   Nah 3, 8;  Sof. 2,  13), pero engrandecida por
Nino. (Tob. 1.)
3 El motivo por que huía se ve en el capítulo 4, 2.

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y temo o adoro al Señor Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra. 10) Y quedaron sumamente atemorizadas aquellas gentes, y dijéronle: ¿Cómo es que has hecho tú eso? (Es de saber que de la relación que les hizo Jos comprendieron que huía, desobedeciendo a Dios.)
11) Entonces le dijeron: ¿Qué haremos de ti, a fin de que el mar se nos aplaque? Pues el mar iba embraveciéndose cada vez más. 12) Y respondióles Jo
s: Cogedme y arrojadme al mar, y el mar se os aquietará; puesto que yo sé bien que por mi causa os ha sobrevenido esta gran borrasca *.
   13 Entretanto remaban los marineros para ver si podrían ganar tierra y salvarse *; mas no podían, porque iban levantándose más sobre ellos las olas del mar. 14) Y clamaron al Señor, diciendo: Rogárnoste, ¡oh Señor!, que no nos hagas morir por haber dado la muerte a este hombre, y no hagas recaer sobre nosotros la sangre inocente; pues que Tú, ¡ oh Señor!, has hecho caer la suerte así como has querido. 15) En seguida cogieron a Jo
s, y le echaron al mar, y al punto cesó el furor de las aguas. 16) Con lo cual concibieron aquellas gentes un gran temor al Señor, y ofrecieron víctimas, y le hicieron votos.

 

12 Ejemplo de admirable penitencia y de magnánima caridad.
Es de creer que Jonás obraría así por inspiración de Dios, como Judit y tantos otros justos del Antiguo y Nuevo Testamento.
13 No querían arrojar a Jos al mar, sino dejarle en la orilla.

 

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JONÁS

Jonás, en el vientre del pez

2 1 Y había el Señor preparado un pez grande, para que se tragara a Jonás; el cual estuvo tres días y tres noches en el vientre del pez *. 2) E hizo Jos oración al Señor Dios suyo desde el vientre del pez; 3) y después dijo:
   Invocado he al Señor en medio de mi tribulación, y me ha escuchado benigno; he clamado desde el seno del sepulcro, y Tú, ¡oh Señor!, has atendido mi voz *. 4) Y arrojásteme a lo más profundo del mar, y me circuncidaron las aguas; sobre mí han pasado todos tus remolinos y todas tus olas. 5) Y dije: Arrojado he sido lejos de la misericordiosa vista de tus ojos; pero no; aún veré nuevamente tu santo templo. 6) Cercáronme las aguas *, hasta el punto de quitarme la vida; encerrado me he visto en el abismo; el piélago ha cubierto mi cabeza. 7) He descendido hasta las raíces de los montes; los cerrojos de la tierra me encerraron allí dentro para siempre; mas Tú, 
¡ oh Señor Dios mío!, sacarás mi vida del lugar de la corrupción *. 8) En medio de las angustias que padecía mi alma, he recurrido a Ti,
¡ oh Señor!; dirigiéndote mi oración al templo santo de tu gloria. 9) Aquellos que inútilmente se entregan a la vanidad de los ídolos, abandonan su misericordia. 10) Mas yo te ofreceré en sacrificio cánticos de alabanza; cumpliré al Señor todos los votos que le he hecho por mi salud.
11 El Señor, en fin, dio la orden al pez, y éste vomitó a Jo
s en la ribera.

Predicación de Jonás en Nínive

3 1 Y habló el Señor por segunda vez a Jos, diciéndole: 2) Anda y ve a Nínive, ciudad grande, y predica en ella aquello que Yo te digo. 3) Marchó, pues, Jos, y se dirigió a Nínive, según la orden del Señor. Era Nínive una ciudad grandísima, que tenía tres días de camino *. 4) Y comenzó a recorrer la ciudad, y anduvo por ella un día clamando y diciendo: De aquí a cuarenta días Nínive será destruida.
   5   Y creyeron los ninivitas en la palabra de Dios, y publicaron el ayuno, y vistiéronse todos,
chicos y grandes, de sacos * o cilicios. 6) Y llegó la noticia al rey de Nínive, y se levantó del trono, y, despojándose de sus vestiduras, vistióse de saco, y sentóse sobre la ceniza. 7) En seguida se publicó en Nínive una orden del rey y de sus principales magnates, que decía: Ni hombres ni bestias coman nada; no salgan a pacer ni a beber los bueyes y ganados; 8) hombres y bestias cúbranse con sacos; y clamen aquéllos con todo ahinco al Señor, convirtiéndose cada uno de su mala vida e inicuo proceder.

1 Un cetáceo. ¿Cómo pudo vivir Jonás tres días, o un día y parte de dos, dentro del pez? Del mismo modo, dice San Jerónimo, que pudieron vivir los tres jóvenes en medio del horno de fuego en Babilonia, Quiso Dios con este milagro dar desde entonces esta figura de la resurrección de Jesucristo, con documentos de admirable doctrina.
3   Sal. 119,  1;  Co.  15, 4.
6   Sal. 68, 2.
7   Sal. 15, 10.
3   Tres días se necesitaban para recorrerla.

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9) ¿Quién sabe si así mudará el Señor su designio, y nos perdonará; y si se aplacará el furor de su ira, de suerte que no perezcamos?
10 Viendo, pues, Dios las obras de peniten
cia que hacían, y cómo se habían convertido de su mala vida, movióse a misericordia, y no les envió los males que había decretado.

Malhumor de Jonás. Magnanimidad
de Dios

4 1 Y Jos se afligió mucho, y se incomodo.
2) E hizo oración al Señor, diciendo: Ruégote que me digas, oh Señor, ¿no es esto lo mismo que yo me recelaba cuando aún estaba en mi país? No por otra razón me cautelaba, huyendo a Tarsis. Porque yo sé bien que Tú eres un Dios clemente y misericordioso, sufrido y piadosísimo, y perdonador de los pecados *. 3) Ahora bien, Señor, ruégote que me quites la vida, porque para mí es mejor morir que vivir. 4) Y respondió el Señor: ¿Y te parece a ti que tienes razón para enojarte?
   5 Y salióse Jo
s de Nínive, e hizo alto al oriente de la ciudad; y formándose allí una cabaña, vivía dentro de ella esperando a ver te que acontecía a la ciudad. 6) Había el Señor preparado una yedra *, la cual creció hasta cubrir la cabeza de Jos para hacerle sombra y defenderle del calor. Estaba Jos muy fatigado, y recibió grandísimo placer de aquella yedra. 7) Y al otro día, al rayar el alba, envió Dios un gusanillo, que royó la raíz de la yedra, la cual se secó. 8) Y nacido que hubo el sol, dispuso el Señor que soplase un viento solano que quemaba; hería el sol en la cabeza de Jos, quien se abrasaba y se deseaba la muerte, diciendo: Mejor es morir que vivir.
   9 Pero el Señor dijo a Jo
s: ¿Crees tú razonable el enojarte por causa de la yedra? Y respondió él: Razón tengo para encolerizarme, hasta desear mi muerte *. 10) Y dijo el Señor: Tú tienes pesar por la pérdida de una yedra que ningún trabajo te ha costado, ni tú has hecho crecer; pues ha crecido en una noche, y en una noche ha perecido. 11) ¿Y Yo no tendré compasión de Nínive, ciudad tan grande, y en la cual hay más de ciento veinte mil personas, que no saben aún discernir la mano derecha de la izquierda, y un gran número de animales?.

 

 

 


5   Mt.   12, 41;  Le.  11, 32.
2   Sal.  85, 5;  Jl.  2,  13.
6 Creen muchos que el arbusto de que habla Jo
nás es el que se conoce en Levante con el nombre de palma cristi o ricino.
9 Esta expresión, que parece algo fuerte hablando con Dios, es semejante a otras que usaron el santo Job, San Pablo, etc.

 


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