SEGUNDA CARTA DE SAN JUAN

INTRODUCCIÓN A LAS
CARTAS SEGUNDA Y TERCERA

No consta el lugar ni la data de esta segunda ni de la tercera carta de San Juan, que citan ya como del apóstol los Padres de los primeros siglos, y se hallan en todos los cánones antiguos de los libros del Nuevo Testamento. La caridad que en ellas tantas  veces se recomienda, y el celo ardiente que inspiran contra los herejes, manifiestan bien el carácter de su verdadero autor. Algunos creen que Electa, a quien se dirige esta segunda carta, es alguna iglesia de Asia; otros que se trata de alguna noble matrona.
                                     Saludo

1 El presbítero a la señora Electa, y a sus hijos, a los cuales yo amo de veras, y no sólo yo, sino también todos los que han conocido la verdad, 2) en atención a la verdad, que permanece en nosotros, y estará con nosotros eternamente. 
3) Gracia, misericordia, y que la paz sea con todos vosotros en verdad y caridad, de parte de Dios Padre, y de Cristo Jesús, el Hijo
del Padre.

                 Guarden todos la caridad

4 Heme holgado en extremo, de haber hallado algunos de tus hijos en el camino de la verdad *, conforme al mandamiento que recibimos del Padre celestial. 5) Por eso ahora, señora, te ruego, no ya escribiéndote un nuevo mandamiento, sino el mismo que tuvimos desde el principio, que nos amemos unos a otros. 
6) Y la caridad consiste en que procedamos según los mandamientos de Dios *. 

 

4 O perfección cristiana.
6  Haciendo  lo  que  nos  manda,  y  creyendo  lo  que  nos enseña.

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Porque tal es el mandamiento, que habéis recibido desde el principio, y según el cual debéis caminar.

              Huyan del trato con los herejes

7 Puesto que se han descubierto en el mundo muchos impostores, que no confiesan que Jesucristo haya venido en carne; negar esto es ser un impostor, y un anticristo. 8) Vosotros estad sobre aviso, para no perder vuestros trabajos *, sino que antes bien recibáis cumplida recompensa. 9) Todo aquel que no persevera en la doctrina de Cristo, sino que se aparta de ella, no tiene a Dios; el que persevera en ella, ése tiene o posee dentro de sí al Padre, y al Hijo. 10) Si viene alguno a vosotros, y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa, ni le saludéis *. 11) Porque quien le saluda, comunica en cierto modo con sus acciones perversas *.
12 Aunque tenía otras muchas cosas que escribiros, no he querido hacerlo por medio de papel y tinta, porque espero ir a veros, y hablar boca a boca, para que vuestro gozo sea cumplido. 13) Saludante los hijos de tu hermana Electa.

8   El fruto de la fe y obras buenas.
10   Es un falso  apóstol:  tratadle como  a un  excomulgado.
11   Pues da a entender que tiene poco horror a sus desórdenes.

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