CARTA CATÓLICA DE SAN JUDAS

Introducción

     Judas, por sobrenombre Tadeo, era hijo de Alfeo y hermano de Santiago el menor. Escribió esta carta para preservar a los fieles del contagio de los errores de su tiempo; y la dirigió, no a una iglesia particular, sino a todos los fieles esparcidos por el Oriente. Da casi los mismos documentos que San Pedro  en su segunda carta; y por esta razón la colocan algunos en seguida de aquélla. No obstante, se ve que añadió mucho de suyo; hablando con más vehemencia contra las herejías. «Judas, dice Orígenes, escribió una carta breve, pero llena de enérgicos argumentos de la gracia celestial ».

                    Contra los falsos doctores

1 Judas, siervo de Jesucristo, y hermano de Santiago, a los amados de Dios Padre, llamados a la fe, y conservados por Jesucristo. 2) La misericordia, y la paz, y la caridad sean colmadas en vosotros.
3 Carísimos, habiendo deseado vivamente el escribiros acerca de vuestra común salud, me hallo al presente en la necesidad de practicarlo, para exhortaros a que peleéis por la fe que ha sido enseñada una vez a los santos. 4) Porque se han entrometido con disimulo ciertos hombres impíos (de quienes estaba ya muy de antemano predicho, que vendrían a caer en este juicio o condenación), los cuales cambian la gracia de nuestro Dios * en una desenfrenada licencia, y reniegan de Jesucristo, nuestro único soberano y Señor.
5 Sobre lo cual qui
ero haceros memoria, puesto que fuisteis ya instruidos en todas estas cosas, que habiendo Jesús sacado a salvo al pueblo de la tierra de Egipto, destruyó después a los que fueron incrédulos; 6) y a los ángeles, que no conservaron su primera dignidad, sino que * desampararon su morada, los reservó para el juicio del gran día, en el abismo tenebroso con cadenas eternales. 7) Así como también Sodoma y Gomorra, y las ciudades

4   La   libertad   que   nos   da   el   Evangelio.  (Véase   Ti.   3; 2  P.  2.)
6   Rebelándose contra Dios.

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comarcanas, siendo reas de los mismos excesos de impureza, y entregadas al pecado nefando, vinieron a servir de escarmiento, sufriendo la pena del fuego eterno.

                El juicio de Dios los aguarda

8 De la misma manera amancillan éstos también su carne, menosprecian la dominación, y blasfeman contra la majestad *. 9) Cuando el arcángel Miguel, disputando con el diablo, altercaba sobre el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir contra él sentencia de maldición, sino que * le dijo solamente: Reprímate el Señor. 10) Éstos, al contrario, blasfeman

 

 

 

 

 


8   Sin  respetar  dignidad,  ni jerarquía.
9 Respetando en el ángel malo la obra de Dios, y la dignidad en que había estado elevado. Contrapone aquí el apóstol la moderación del arcángel San Miguel a la petulante arrogancia de los herejes, los cuales no reparaban en blasfemar de Dios, de sus ministros y de todas las potestades. Quería San Miguel que quedase oculto el cuerpo de Moisés, al paso que el demonio procuraba manifestarle para dar a los judíos ocasión de idolatría. (S. Jerónimo sobre la Ep. a Tito 3.) De la sepultura de Moisés se en habla Dt 34,6.

 

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JUDAS

de todo lo que no conocen; y abusan, como brutos animales, de todas aquellas cosas que conocen por razón natural. 11) ¡ Desdichados de ellos, que han seguido el camino de Caín *, y perdidos como Balaam, por el deseo de una sórdida recompensa se desenfrenaron, e imitando * la rebelión de Coré *, perecerán como aquél! 12) Éstos son los que contaminan vuestros convites de caridad, cuando asisten a ellos sin vergüenza, cebándose a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de aquí para allá por los vientos; árboles otoñales *, infructuosos, dos veces muertos *, sin raíces; 13) olas bravas de la mar, que arrojan las espumas de sus torpezas; exhalaciones errantes, a quienes está reservada una tenebrosísima tempestad que ha de durar para siempre. 14) También profetizó de éstos Enoc *, que es el séptimo a contar desde Adán, diciendo: Mirad que viene el Señor con millares de sus santos 15) a juzgar a todos los hombres, y a redargüir a todos los malvados de todas las obras de su impiedad, que impíamente hicieron, y de todas las injuriosas expresiones que profirieron contra Dios los impíos pecadores. 16) Éstos son unos murmuradores quejumbrosos, arrastrados de sus pasiones, y su boca profiere palabras orgullosas, los cuales se muestran admiradores de ciertas personas, según les parezca que conviene a sus propios intereses.

                   Perseverad en el bien

17 Mas vosotros, queridos míos, acordaos de las palabras que os fueron antes dichas por los

11   Aborreciendo como  éste  a   sus   hermanos.
11 bis   En su rebeldía contra Dios y su Iglesia.
11 ter  Contra Moisés y Aarón.
12 Que no florecen hasta el otoño, cuyo fruto no llega a sazonarse.
12 bis  Esto es, antes y después del bautismo.
14 Ap. 1, 7. La profecía de este patriarca, el séptimo
  desde Adán, se conservaría por tradición.

 

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apóstoles de nuestro Señor Jesucristo *, 
18) los cuales os decían que en los últimos tiempos han de venir unos impostores, que seguirán sus pasiones llenas de impiedad. 
19) Éstos son los que se separan a sí mismos de la grey de Jesucristo, hombres sensuales, que no tienen el espíritu de Dios.
20 Vosotros, al contrario, carísimos, elevándoos a vosotros mismos como un edificio espiritual sobre el fundamento de vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, 
21) manteneos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para alcanzar la vida eterna. 22) Y a aquellos que están endurecidos y ya sentenciados, corregidlos; 23) a los unos ponedlos en salvo, arrebatándolos de entre las llamas. Y tened lástima de los demás, temiendo por vosotros mismos; aborreciendo aun hasta la ropa, que está contaminada con la corrupción de la carne *.
24 En fin, al que es poderoso para conservaros sin pecado, y presentaros sin mácula y llenos de júbilo ante el trono de su gloria, en la venida de nuestro Señor Jesucristo; 25) al solo Dios Salvador nuestro, por Jesucristo nuestro Señor, sea dada la gloria y magnificencia, imperio y potestad antes de todos los siglos, y ahora, y por todos los siglos de los siglos. Amén.

 

 

 

17   1 Ti. 4,  1;  2 Ti. 3,  1;  2 P. 3, 3.
23   Hipérbole  tomada del  Lv. 15,4.

 

 

 

 

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